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martes, 25 de marzo de 2014

Sobran las palabras...

Discusión

No es seguramente una historia común. Se trataba pues de un rencilla o amago de ésta. Unos miembros muy exultantes discutían el cómo podrían llegar a manifestarle a la mujer que amaban el porqué lo hacían y quién tendría la misión de hacerlo. Eran varios.
 
El primero en aparecer y tomarse la palabra fue el estómago, creiase él que por ser quien soportaba las cosquillas al sentirla cerca era el más afectado. Luego en forma abrupta y con tono enérgico hablaron los pies, ellos soportaban y permanecían incolumes ante tanto temblor que aquella mujer de ojos negros producían en sus corpóreos compañeros, pero alegaban que su fuerza no permitía desmayos. Era increíble sostenerse en pie anta tanta hermosura. No acabando de hablar los oídos renegaron y dijeron no querer escuchar cosas baladíes. Ellos sí que habían sido depositarios de palabras despectivas que alejaban más su efímera ilusión. Ella no era una mujer que avivara las pasiones, ni eran dulces las razones de su continuo rechazo.  Victimas directos: ellos.
 
Unos y otros fueron llegando y con o sin razón colocándose al lado y lado de los que se enfrentaban estoicamente para determinar quien le díria a su amada cuánto podría sólo una mirada mitigar esa pena de amor. Los labios querían besarla, los ojos verla, las manos tocarla, la nariz olerla...pero a la vez la voz se callaba, el corazón se aceleraba, los brazos se aquietaban y un malestar general truncaba la acción perpetradora que manifestara un caudal irefrenable de pasión y de locura. Ella había gritado la palabra "loco" varias veces.
 
Ahora ya más ardua la querella entre todos y sin posibilidad de escoger un mercedor de tanta distinción y cuando todo parecía desencadenar en una reyerta que hubiese producido un infartante desenlace, apareció esa figura de andar cansino, de ojos beligerantes. altanera y seductora, libre y soñadora, tentación y miedo...En silencio todos se contuvieron: no hubo discusiones, una impensable quietud y paz se apoderó vertiginosamente de los presentes. Sin vacilar los labios impulsados por los ojos y éstos por el cerebro, que a su vez recibía un flujo sanguíneo permanente y veloz del corazón, se avalanzaron sobre su gruesos labios en quietud amenazadora y un beso aquieto por una y mil veces la sinrazón batalla de mil seres en uno absorto instante de amor. Sobraron las palabras....