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sábado, 31 de marzo de 2012

Mi excusa es....



Justificar...ésa es la cuestión.
Exposición de
X o y motivo para
Culpar a los demás de
Una situación cualquiera
Salvaguardando nuestra honra
A como de lugar
Las políticas educativas en Colombia son como las modas. Las tendencias en educación pasan por la mirada del que está inmerso en un tipo de formación determinado. Hoy para nadie es un secreto se privilegia el eliminar la mortandad o fatalidad académica. O sea, hagamos cualquier cosa que el profe de pronto nos pasa... Al igual que usar pantalones anchos o en las mujeres jeans descaderados(o descarados). Es tan fácil observar el desdén con que los jóvenes deambulan por las aulas, patios, corredores sin ton ni son ante la mirada atónita y en ocasiones despreocupada de nosotros los maestros; ya acostumbrados, también, a estos nuevos movimientos de vanguardia del Nomefrieguen (tendencia juvenil de los años 2000 a nuestros días) e importalomismo reinante. Pero ¿qué tan productivo tiene estar tan aislado de todo y cerca de nada a la vez?
Pues bien, una de esas tantas modas es el no perder y hacer de nuestros colegios clubes sociales, en donde consigo amigos, cazo peleas, establezco noviazgos, me entero de la vida de los demás, juego, como, me divierto y del estudio, qué? nada yo por ahí, profe, dándome una vueltica. Es que esto del pasar por pasar nos fregó la vida a los profes que tenemos que pasar a un poco de chinos que no vienen a estudiar y a los pelados se les apareció la virgen… las excusas para estar de locha llegaron de la mano y a aguantar y maldecir pasito…
  1. ¿era para hoy?
  2. A mi nadie me aviso...
  3. A mi me dijeron...
  4. Como a Rodríguez si no le dicen nada...
  5. Es que me la tienen montada sólo a mi
  6. Es que a mi hijo el profe me cogio entre ojos
  7. él me dijo que le dijera
  8. Es que el uniforme estaba mojado (y eso que estamos en pleno verano)
  9. Me robaron el cuaderno. (en qué compraventa y por cuánto comprarán o empeñaran un cuaderno, ah?).
  10. Como el profe Rodríguez no dice nada y Ud... sí
  11. es que había trancón (viviendo a dos cuadras)
  12. pero como el indio ése del papá se levanto una moza...imagínese profe uichh!
  13. Es que estábamos en el baño…
  14. ¿Cuándo dijeron eso?
  15. Estaba hablando con la Profe
  16. Sólo es un poquito de base para taparme este barrito, ¿si lo ve?
  17. Los tengo puestos, pero no estoy escuchando nada (audífonos sin función)
  18. Es que estamos buscando al profe…
  19. Es que nos mandaron a entregar ese papel (¿cuánto pesará un papel para que lo carguen entre dos o tres?)
  20. No nos estamos besando es que él me estaba pasando el chicle.
  21. como yo no vine ese día…
La lista es demasiado larga y es directamente proporcional con la capacidad discursiva, histriónica y, no nos digamos mentiras, con el grado de credibilidad e ingenuidad nuestra.
Esperemos hasta cuando aguanta el país tanta mediocridad y qué resultados vendrán con estos profesionales emergidos de la moda de tolerar todo y hacer poco...poquísimo.

LOS QUE NUNCA FALTAN

En una sociedad en donde el altísimo índice de desempleo, nuestra capacidad discursiva, la ingenuidad propia, la dependencia tecnológica y la tendencia a estar a la moda pues porque como ésta no “incómoda”, se han vuelto personajes recurrentes en nuestra sociedad seres o mejor especimenes que deambulan por las calles, salones y sitios recónditos y nos reivindican o nos hacen ver unas sociedad realmente muy particular. De ahí que echa buena fama y acuéstate a dormir y crea mala fama y échate a morir..

Estos actores de nuestra vida diaria que no faltan son:

El que va por la calle, acompañado de su novia y escupe cada dos o tres pasos.

Aquél que se sienta o se desparrama dentro del Trasmilenio, por que se cree In y no deja pasar a los demás y aún así se molesta si le llaman la atención.

El que va sentado en una silla color naranja en el Trasmilenio y no cede el puesto a embarazadas, ancianos o discapacitados, porque a él le dijeron que las que se cedían eran sólo las azules..

Al que va en el Trasmilenio y ve que sube alguien que debería ocupara una silla azul y empieza a gritar como desesperado. Ante tal grito veinte más se suman en la angustiosa búsqueda de la preciada banca.

El que no encuentra baño y hace sus necesidades en cualquier poste de la luz y la novia ahí esperándolo…

El morboso que espera a la salida del colegio bajo los puentes peatonales en pos de un buen ángulo de visión ante las cada vez más diminutas faldas de las niñas de colegio.

La señora que no espera que uno se baje del Trasmilenio y se avalancha cual animal en busca de su presa: el asiento que aunque esté hirviendo ella se acomoda y y se llena de gozo.

El par de novios que se ubica en una puerta, escalera o cualquier vía de acceso impidiendo el paso de los transeúntes.

La señorita que se acerca con el mismo cuento de que se le perdió lo del bus y vive en Niza, Pasadera o La Calleja (siempre es un barrio estrato seis) y que por favor le regalen $ 1.000. Nunca piden menos. Sus victimas siempre son los hombres maduros y algunos viejos verdes qua aprovechan para dárselas de generosos y coquetos. De paso cogen una manito y se emocionan ante la sonrisa de agradecimiento.

El conductor de volqueta, de carrito de ventas de paquete, taxista o similares que ante el paso de una gordita bien alentada le echa un piropo bastante decente por demás, acompañado siempre de: uichh! Mamacita…Generalmente terminan frenando en seco o estrellándose.

El ciclista en contravía, sin casco y a toda velocidad que si uno le protesta por su mal accionar le echa la madre.

Los dos policías bachilleres practicando esgrima y jugando con los bolillos.

El grupo de policías bachilleres, también llamados chucaros, que piden que los lleven por la puerta trasera o que se cuelan en el Trasmilenio.

El señor en el restaurante que estando en la misma mesa de uno saca el pañuelo y se mete una sonada de padre y señor mío.

El mismo señor que para sentarse tropieza con la pata de la mesa y le riega a uno la gaseosa o el jugo (de piña, que es el más barato)

El que grita en el mismo restaurante que le eche un huevo frito encima del arroz en vez de lentejas.

El que cuando alguien llega alarmado por que ha sido victima de un robo le dice a uno y lo robaron, pero ¿quién?

El joven que a las 4 de la tarde anda en pantaloneta con evidentes signos de que no se ha bañado, ni lo piensa hacer.

El borracho del martes a las 6. 20 a.m. con la botella en la mano y botado en el andén de enfrente.

La señora que va a comprar un tomate, un gajo de cebolla, y un huevo y lo pasea por todo el barrio. Otros van con un rollo de papel higiénico verde y corriendo… ¿ qué será?

La señora que pasa a comprar el pan y la leche en bata amarilla pollito transparente.

La señora que barre hacía afuera y le echa la escoba a uno por los zapatos.

Los tres jugadores de “dónde está la bolita” bajo tres tapas de gaseosa con billetes de $ 20.000 buscando ingenuos apostadores.

La señora haciendo orinar su pequeña hija en cualquier frente de casa. El marido haciéndose el bobo y mirando para otro lado como si nada.

Estos seres son los que nos identifican y hacen ver colombianos o simplemente son los rezagos de una sociedad en época de barbarie que sufre por abandonarla, pero que seguramente la encuentra cómoda. ¿sí?

domingo, 25 de marzo de 2012

Redundancia...

No pocas veces me he preocupado tanto por el mal uso del lenguaje como hasta ahora. Resulta que, al parecer, insultamos o nos falta confianza en nuestro interlocutor cuando queremos que entiendan lo que pretendemos dar a conocer.

Es común escuchar expresiones como: Totalmente lleno, completamente gratis, requisito indispensable, más completo, amplíe más, acérquese más, lapso de tiempo, repito nuevamente...y muchísimas otras. En ese caso es necesario repetir o colocar un adverbio o adjetivo para que, según nosotros, se comprenda un significado. Creo que no. Por ejemplo sin decimos lleno esto no implicaría total. Si es gratis y le anexamos completamente, estaríamos dándole a entender a las personas que aunque a veces dan obsequios hay quienes los entregan a cambio de una mínima contribución o un requisito para ser recibido...Quizás es también desconfianza.

Tan complejo como lo anterior están aquellos que usan expresiones que al escucharlas causan malestar por el hecho de ser exageradas: no dijo absolutamente nada, a mi me dijeron que..., cállese la boca. Preguntas: ¿ con decir no habló o me dijeron? no es suficiente. ¿Qué se puede uno callar? ¿la boca?

Es pues un abuso en el uso del lenguaje. Lo ideal es no recavar en términos que aducen a lo mismo y que de seguro no sabemos su significado y lo aplicamos en una charla sin saberlo.

Seamos economistas y asertivos en el lenguaje. Incluso un movimiento de cabeza o gesto nos ahorraría entrar en explicaciones y malgastar nuestras palabras.